Cómo Secuestrar a un Informático
Lunes, 14 Julio, 2008Absorto a su trabajo el muchacho abría cajas de todo el nuevo material que habían pedido a su mayorista más cercano. Era su primer GRAN compra después de haber abierto la tienda en plena Navidad.
Todavía no tenía claro cómo iba a meter todos esos productos en el programa de gestión que tenían ya que no se aclaraba del todo con el. Al menos sonaba en la radio el último single de los Porcupine Tree “She is Moved On” así se le haría más amena la tarde. Era viernes y toda la tropa seguro que se había ido a la playa.
Dio la espalda a la puerta, cogió el mando de su Disco Duro Multimedia, alzó de dos rayitas el volumen, cerró los ojos y exhaló con rotundidad todo el aire que había en la tienda mientras tenía los brazos en jarras.
Mientras hacía este ejercicio de meditación tibetana que le había enseñado un “caro amico” suyo una mano cogió contundente uno de sus brazos y tiró fuerte de él y le hizo girar 180º.
Se puso tenso, muy tenso ya que se ponía en lo peor, algún ladrón había vuelto por la tienda.
Mientras miraba a aquel hombretón no supo qué hacer.
Medía más de dos metros, era más grande que tres armarios juntos, sólo su rostro era enorme y con sus manos podía abrir latas de atún sin ningún tipo de problema.
-¡Tengo un problema en mi empresa!, ¡tienes que venir conmigo ahora mismo!
Le seguía sujetando con fuerza, incluso le hacía un poco de daño.
-Esto……es que…….
-¡VAMOS!
-Perdone pero es que esta tarde estoy sólo en la tienda y no puedo cerrar, a no ser le cobre una tarifa muy alta por la urgencia y tener que cerrar un rato.
Tiro fuertemente sin dilaciones del chaval y le sacó a trompicones a la calle.
-¡Espere que al menos cierro la tienda!.
El muchacho entró de nuevo, cogió las llaves, puso un cartel en la puerta:
“Volvemos enseguida, hemos tenido que salir a una asistencia técnica urgente. Disculpen las molestias”.
Subieron al todoterreno del señor y al encender el coche y arrancar las ruedas traseras derraparon y salieron a toda pastilla como alma que lleva el diablo.
En dos minutos estaban en el local de aquel improvisado secuestrador.
Unas cuantas mesas con sus equipos informáticos mas viejos que matusalen y en el despacho del jefe en donde había trescientas mil fotos de aquel tipo semidesnudo, con unos calzones extralargos y unos guantes de boxeo en cada mano mirando desafiante al cámara un portátil reluciente con un ratón inalámbrico a la derecha.
- No me funciona el ratón.
Este portatil no me suena haberle vendido en la tienda….bueno…qué más da.
El chico se acercó, vio que la lucecita roja de debajo no estaba encendida y pensó que a lo mejor eran las pilas.
Sacó de su mochila unas nuevas, se las puso y el milagro se obró. Aquel engendro del diablo más satánico que existiera llamado Mouse o Ratón resucitó de entre los muertos con más vigor que nunca y la flechita maldita se movió ágil y feliz por la pantalla.
Sonriente, el chico se alzó y mientras se giraba para hablar con el señor sintió como si una masa gigantesca le llevaba la vida. Empezó a no poder respirar y notaba cómo en los pulmones era imposible que entrara aire. Ese era su final, el final de su vida.
Las fuertes palmadas en su espalda le devolvieron a la realidad.
Aquel boxeador-empresario le abrazaba feliz, casi llorando de alegría, y le golpeaba en su columna vertebral.
- ¡MUY BIEN CHAVAL!, ¡ME HAS SALVADO LA VIDA!……¡Ahora ya puedo entrar en las páginas webs de chicas desnudas…ya sabes…!
Guiñándole el ojo con picaresca, le apartó de al lado de la silla y escribió en su navegador:
“asiáticas, culo, guarras, negras y latinas”
Se giro sonriente y dijo:
- ¡No te acerco a la tienda, que estoy super ocupado!. ¡Mañana me paso por allí y os pago!

